La figura de Giordano Bruno es un claro ejemplo de la fascinación que ejercen las personas adelantadas a su tiempo y que defienden sus convicciones hasta el final, que en su caso fue un final trágico.
Giordano Bruno (1548-1600), fue un astrónomo, filósofo, teólogo, matemático y poeta napolitano. En 1572 es ordenado sacerdote y en 1575 recibió el título de doctor en teología, pero pronto empezó a generar controversias y a tener problemas por sus opiniones poco ortodoxas, lo que le llevó a abandonar el monasterio y tener una vida errante. Residió en varias ciudades italianas, Lyon y Ginebra, donde permaneció un tiempo hasta que tuvo enfrentamientos con las autoridades por criticar algunos aspectos del credo calvinista. También estuvo unos años en Inglaterra y diversas localidades de Alemania. Siempre polémico, fue excomulgado por los luteranos de la ciudad alemana de Helmstedt. Finalmente regresa a Italia, bajo la protección de un noble veneciano quien, sin embargo, acabó denunciándolo a la Inquisición por sus enseñanzas heréticas. Toda su trayectoria le llevaba inexorablemente a un serio enfrentamiento con la Iglesia. Encarcelado en 1592, estuvo preso durante ocho años mientras se preparaba y realizaba el juicio contra él. Fue «invitado» a renegar de sus ideas y enseñanzas, pero se negó a ello, por lo que acabó siendo considerado culpable de herejía y murió quemado vivo en una hoguera en el Campo di Fiori de Roma.
Al igual que Galileo (contemporáneo suyo y que, como es habitualmente sabido, también fue juzgado como hereje por la Iglesia -curiosamente por el cardenal Belarmino, el mismo que condenó a Bruno-, aunque con un final más feliz, puesto que solo fue condenado a arresto domiciliario los últimos años de su vida), Giordano Bruno era partidario de la teoría de Copérnico que había quitado a la Tierra del centro del Universo, situando en su lugar al Sol, con la Tierra y demás planetas orbitando a su alrededor. Sin embargo Bruno dio un paso más, pues afirmaba que el Universo era infinito, en el espacio y el tiempo, y que por tanto tampoco el Sol ocupaba un lugar central privilegiado. No contento con ello, también afirmó que las estrellas eran soles, muchos de los cuales podían tener planetas como la Tierra orbitándoles y habitados por seres inteligentes.
Con esta visión de un universo infinito, quizá poblado por infinitas Humanidades, estaba poniendo en cuestión delicados temas teológicos, ya que de ser las cosas como afirmaba Bruno, habría otras Humanidades, supuestamente también hijas de Dios, que disputarían la primacía que hasta entonces había tenido la nuestra, y en cada una de ellas se plantearía la espinosa cuestión del pecado y la redención por Jesucristo. Por otro lado en un universo infinito en el tiempo, sin principio ni fin, no habría lugar para dogmas tales como la Creación y el Juicio Final. En el proceso fue acusado también por motivos puramente teológicos, como su negación de la divinidad de Jesús, en los que no vamos a entrar, pero ya vemos que no es de extrañar que acabara chocando con la Inquisición que, en aquellos tiempos, tenía métodos expeditivos de solucionar estos problemas, como el ajusticiamiento en la hoguera.