Una kilonova ocurre cuando colisionan dos estrellas de neutrones o una estrella de neutrones y un agujero negro, que forman un sistema binario orbitando una alrededor de la otra. La monstruosa colisión produce un enorme estallido de ondas gravitacionales y rayos gamma. La primera kilonova se detectó en 2017 en algún punto en la constelación de la Hidra, descubriéndose la fusión de dos estrellas de neutrones en una galaxia a 130 millones de años luz. Se calcula que, debe haberse producido a una distancia de 35 años luz o menos, la onda de choque hubiera vaporizado la atmósfera terrestre.
Supongamos que tenemos una bola y queremos que baje rodando por una rampa desde un punto elevado a otro más bajo. La cuestión a resolver es: ¿qué forma ha de tener esa rampa para que la bola tarde el menor tiempo posible en llegar del punto elevado al bajo?
Es muy posible que nuestra primera intuición nos diga que la rampa ha de ser recta, dado que es el camino más corto. O, de no ser así, posiblemente la rampa debería tener forma circular o quizá parabólica. Pues todas esas opciones son incorrectas. La curva que permite un deslizamiento en el menor tiempo posible es la cicloide, también denominada por ello como braquistócrona (del griego braquistos, “el más corto”, y cronos, “tiempo”).
La cicloide es la curva descrita por un punto de una circunferencia que rueda -sin resbalar- por una recta, según se puede apreciar en la primera imagen.
Otra relevante propiedad de la cicloide es que es tautócrona (del griego tauto, “lo mismo”, y cronos, “tiempo”). Dicho de otra forma, esto quiere decir lo siguiente: imaginemos que situamos diversas bolas en diferentes puntos del interior de un cuenco con forma de cicloide. Al soltarlas y permitir que rueden observaremos que, indiferentemente al punto desde el que hayan partido, todas llegarán al mismo tiempo al fondo.
Todas las bolas llegarán abajo al mismo tiempo
Osea que, en el caso de la segunda imagen, las bolas azul, roja, verde y amarilla, tardarán el mismo tiempo en rodar hasta el final y llegarán todas juntas.
En una anterior publicación vimos que cuando una estrella estalla en forma de supernova, si su masa es superior a 1’5 masas solares, su núcleo puede acabar colapsando en forma de estrella de neutrones [Ver: ¿QUÉ ES UNA ESTRELLA DE NEUTRONES?].
La estrella original tendría, debido a su rotación, cierta cantidad de momento angular. Esta cantidad depende de la velocidad de rotación y de la distancia media de la materia estelar al eje de rotación. Una de las leyes fundamentales de la naturaleza es que la cantidad de momento angular en un sistema cerrado debe mantenerse. Cuando una estrella explota, parte del momento angular es arrastrado por el gas y el polvo expulsados, pero buena parte del mismo queda atrapado en las partes centrales.
Cuando el núcleo de la estrella, con su momento angular, se derrumba, la materia de la que está compuesto se acerca al eje de rotación. De una distancia media de millones de kilómetros, se encoge hasta un promedio de sólo cinco kilómetros.. A fin de conservar el momento angular, ese enorme decrecimiento de la distancia desde el eje, debe compensarse con un enorme incremento en la velocidad de rotación. Los protones y electrones de la superficie girando alrededor del centro a semejantes velocidades generan un intensísimo campo magnético, que se une al también intensísimo campo gravitatorio, de forma que las partículas que se acercan a la estrella desde el exterior (como, por ejemplo, moléculas de gas o polvo interestelar), se aceleren a velocidades extremas y realicen espirales cerradísimas hacia los polos magnéticos de la estrella. Por ello, los polos magnéticos de una estrella de neutrones son lugares de actividad muy intensa. Emiten chorros de radiación en el rango del radio, rayos X o rayos gamma, como si fueran cañones de radiación electromagnética muy intensa. Si la Tierra se encuentra en el camino de estos chorros de radiación, nuestros instrumentos pueden percibirlos en forma de pulsaciones a intervalos muy cortos y regulares, con períodos de hasta de cientos de veces por segundo. De ahí el nombre de pulsar, que viene a significar «estrella pulsante».
Todos estaremos de acuerdo en que en cuanto a tamaño aparente el Sol es con mucho la mayor estrella que vemos. Pero ¿cuál es la segunda estrella más grande en tamaño aparente? Pues es una estrella que brilla con un característico color rojizo en el brazo derecho de Orión. Es la más brillante de dicha constelación y se llama Betelgeuse. En 1920, usando un interferómetro especial, se midió el diámetro aparente de Betelgeuse. Fue la primera estrella que demostró, mediante una medición real, que era más que un punto de luz y fue noticia en los periódicos.
El diámetro aparente de Betelgeuse resultó ser de 0’02 segundos de arco. ¿Qué anchura representa esto? En el diámetro de la Luna llena cabrían casi 100.000 puntos brillantes iguales a Betelgeuse y para llenar todo el firmamento formando una masa compacta de “Betelgeuses”, necesitaremos 1’3 trillones. Cuando se piensa en esto y se tiene en cuenta que las estrellas visibles son sólo unas 6.000, uno se percata de cuán vacío está el firmamento realmente.
La inflación – o hiperinflación- cósmica es la teoría que afirma que, en los primerísimos instantes del Big Bang, el Universo pasó por una fase de expansión superacelerada. Que entre 10-37 y 10-33 segundos tras el Big Bang, el tejido del espacio y el tiempo aumentó en esa mil millonésima de billonésima de billonésima de segundo desde un tamaño cien mil millones de mil millones de veces menor que el de un protón hasta unos 10 centímetros.
El fotón es la partícula mediadora en las interacciones electromagnéticas atómicas, y es el portador de todas las radiaciones electromagnéticas: luz visible, rayos gamma, rayos X, ondas de radio, etc.
El fotón no tiene masa y viaja en el vacío a la velocidad de la luz y presenta propiedades tanto corpusculares como ondulatorias (dualidad onda-partícula).
Los neutrinos son partículas subatómicas de masa casi nula (unas 10.000 veces menor que la de los electrones) y sin carga eléctrica, que se mueven a casi la velocidad de la luz.
Estas características hacen que prácticamente no interaccionen con la materia «normal», siendo capaces de atravesar enormes volúmenes de materia sin obstáculos. Cada segundo nuestros cuerpos son atravesados por miles de millones de neutrinos provenientes del Sol sin que nos afecten lo más mínimo.
En astronomía, magnitud absoluta es la magnitud aparente que tendría un objeto si estuviera a una distancia de 10 pársecs. La magnitud aparente es un número que indica la medida de su brillo tal y como es visto por un observador desde la Tierra.